El 12 de marzo de 2026, la arquitectura chilena volvió a situarse en la cima del mundo. Smiljan Radić Clarke fue anunciado como el ganador del Premio Pritzker 2026, convirtiéndose en el segundo arquitecto de Chile en recibir este prestigioso galardón, tras el reconocimiento a Alejandro Aravena en 2016.
Perfil.
Radić es conocido por mantener un perfil bajo y una vida bastante reservada, alejada del foco mediático tradicional de los grandes arquitectos.
Su estudio no tiene un nombre de fantasía o una marca corporativa compleja; opera simplemente bajo su propio nombre: Smiljan Radic Arquitectos.
Fiel a su estilo austero y enfocado en la artesanía de la arquitectura, Radić prefiere que la identidad de su oficina sea directa y personal. Se encuentra en una casona antigua en el Barrio Universitario (calle Vergara), en Santiago Centro. Es un lugar que funciona más como un taller de experimentación que como una oficina tradicional de arquitectura.
Trabaja estrechamente con su pareja, la escultora Marcela Correa. Esta unión es fundamental, ya que muchas de las obras del estudio (como el Restaurante Mestizo o el Pabellón de la Serpentine) nacen de la intersección entre la arquitectura de Smiljan y la visión escultórica y material de Marcela.
El estudio es conocido por producir una gran cantidad de maquetas físicas hechas de materiales poco convencionales (resinas, rocas, láminas de plástico). Para Radić, la maqueta no es solo una representación, sino una herramienta de pensamiento.
A pesar de su enorme prestigio internacional, mantiene un equipo relativamente pequeño, lo que le permite involucrarse personalmente en cada detalle de sus proyectos.
Aunque vive y trabaja en la capital, gran parte de su inspiración y de sus obras más famosas están esparcidas por la geografía chilena, desde la Región del Biobío hasta los viñedos de la zona central, lo que lo mantiene en constante movimiento por el país. y Tarpenning querían demostrar que los autos eléctricos no tenían por qué ser carros de golf lentos y aburridos. Su objetivo era crear una empresa de tecnología que fuera también un fabricante de autos, aprovechando la crisis del petróleo y la creciente preocupación por el cambio climático a principios de los 2000. El nombre, por supuesto, fue un homenaje a Nikola Tesla, el inventor del motor de inducción de corriente alterna, tecnología en la que se basarían sus vehículos.
El Maestro De La Fragilidad Y El Material.
Nacido en Santiago en 1965, Radić ha construido una carrera que huye de las etiquetas convencionales y de la espectacularidad vacía del «star-system» arquitectónico. El jurado del Pritzker, presidido curiosamente por el propio Aravena, destacó su capacidad para trabajar en la intersección de la incertidumbre y la memoria cultural, priorizando la fragilidad sobre la certeza.
La obra de Radić es conocida por su experimentación material. Sus proyectos no solo se ven, sino que se sienten; utiliza desde piedras masivas hasta membranas plásticas y fibra de vidrio, creando espacios que parecen tanto ancestrales como futuristas. El jurado señaló:
«Su arquitectura nos recuerda que esta disciplina es un arte que toca la esencia de la condición humana, combinando formas masivas con estructuras efímeras que parecen estar a punto de desaparecer».
Obras.
A lo largo de tres décadas, Radić ha dejado una huella profunda tanto en Chile como en el extranjero. Entre sus obras más emblemáticas se encuentran:
Teatro Biobío (Concepción): Un volumen translúcido envuelto en fibra de vidrio que brilla como una linterna a orillas del río, desafiando la pesadez tradicional de los edificios públicos.
Restaurante Mestizo (Santiago): Famoso por sus enormes rocas de granito que sirven de soporte a una cubierta de hormigón negro, integrándose magistralmente con el Parque Bicentenario.
Bodega Vik (Millahue): Una estructura que emerge sutilmente de la tierra, donde el agua y el paisaje son los protagonistas.
Pabellón de la Serpentine Gallery (Londres, 2014): Una cáscara cilíndrica de fibra de vidrio que parecía flotar sobre piedras prehistóricas, consolidando su fama internacional.
Un Legado de Introspección.
Radić, formado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, ha mantenido una práctica íntima y personal. Para él, la arquitectura es una «extraña mezcla de nuestra fragilidad biológica y la ambición espiritual de perdurar». Al recibir la noticia, el arquitecto expresó que el premio era una «extraña sorpresa», reafirmando su postura humilde ante una disciplina que, en sus manos, se vuelve poesía habitable.
Este Pritzker 2026 no solo celebra a un creador excepcional, sino que ratifica a Chile como un laboratorio de arquitectura de vanguardia, capaz de dialogar con el paisaje y la materia de formas que el resto del mundo apenas comienza a descifrar.









